UNA EXPERIENCIA EMOCIONANTE

 

Son las cuatro de la tarde de un miércoles del mes de Febrero.

Voy por primera vez al comedor de la Madre Teresa, Ronda de Segovia número uno, según me dijo el Coronel Muro.

Hay varias personas esperando en la puerta. Digo que vengo a ayudar y sin más preguntas me dejan pasar.

 

Ya dentro, saludo a la hermana (inconfundible su toca blanca con rayas azules). Fue muy amable conmigo. Me preguntó quién me enviaba y contesté que la Cofradía del Cristo de los Alabarderos de la Guardia Real.

 

A continuación, ya en la antecocina, lavé uvas, muchas uvas, limpié ollas, grandísimas ollas y me preguntaba, al ver que eran las cinco. ¿ no voy a ver los que vienen a comer?.

Entró la hermana, rezamos las oraciones escritas en los carteles de la pared y por fin fuimos al comedor.

Veintiuna mesas con seis platos servidos en cada una de ellas.

 

Empezaron a entrar hombres y alguna mujer. Unos llevaban bolsas, otros carritos. Los había rubios, morenos, jóvenes y mayores, con pelo largo, o corto, con barba, alguno con sombrero y viera y un pañuelo a la cabeza una musulmana. Su ropa era color oscuro y muy gruesa, ese día hacía mucho frio.

En la piel se les notaba que pasaban mucho tiempo al intemperie.

Fueron sentándose frente a cada plato de comida, les miré y me emocioné. Se me llenaron los ojos de lagrimas.

 

Después, con el comedor lleno, una de las hermanas comenzó: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" y luego el Padrenuestro.

Mirándoles se me hizo largo el rezo porque se notaba que tenían mucho hambre.

Hasta ofrecerles simplemente agua produce satisfacción, una satisfación que no se puede medir porque es espiritual.

 

En la cumbre de la Peñazanza, cuando era pequeña, leí en una de sus rocas: "Ante Dios nunca serás un héroe anónimo". Eso son las hermanas y los colaboradores.

 

¡Qué suerte poder atender a los pobres de ese comedor de la Ronda de Segovia, número uno de Madrid!...

 

Mercedes Barrera

Congregante